Actualidad
* El país que encuentra a los mejores
ciudadanos de otro país, se los lleva. Son más valiosas
esas mentes que llevarse una mina. Más valiosas que quedarse
con el petróleo de un país. Los países que
no pongan atención a sus recursos humanos, a su educación,
a su gente que puede generar patentes, ideas, empresas, acabarán
quebrando.
* Nada de eso importa hoy: Lo que importa hoy
son las mentes, la educación, la ciencia. Importa que esas
mentes puedan proteger y vender conocimiento al resto del mundo.
*“Todos los imperios del futuro van a ser
imperios del conocimiento, y solamente serán exitosos los
pueblos que entiendan cómo generar conocimientos y cómo
protegerlos; cómo buscar a los jóvenes que tengan
la capacidad para hacerlo y asegurarse de que se queden en el
país”.
Dilema en Harvard: ¿Viabilidad de países?
La Argentina ya es un país objeto de estudio en los centros
académicos más importantes del mundo: ¿cómo
puede ser que una nación tan formidable a comienzos del
siglo XX haya retrocedido tanto a comienzos del siglo XXI, pese
a contar con enormes recursos naturales? La exposición
que se publica llega a la conclusión, implícitamente,
de que la Argentina no es un país viable sino produce una
revolución del conocimiento.
Una nota para reflexionar. En 1900, la Argentina era uno de los
países más ricos. Para 1960, pese a una serie de
gobernantes de cuestionable habilidad, seguía siéndolo.
¿Por qué? Porque en ese momento, un tercio de la
economía mundial era agricultura, la tercera parte era
industria y el resto eran servicios. Y por servicios entiendan
conocimientos: no son mozos, ni gente que hace hamburguesas. Son
personas que sacan patentes, los consultores, los que hacen seguros,
los que hacen leyes, investigación tecnológica,
los que hacen CDs y programas de computación. Avancemos
de 1960 a 1998.
El 4% de la economía mundial es agricultura, y no porque
la agricultura en términos de volumen o en términos
numéricos sea menor, sino porque la economía mundial
creció a tal nivel en los otros aspectos que la agricultura
parece, comparativamente, mucho menor. La industria sigue en el
mismo nivel, una tercera parte de la economía mundial,
y los servicios ahora son dos terceras partes del crecimiento
mundial. Los servicios se manejan en un idioma, el digital. Esto
quiere decir que un joven que no se graduó en la Universidad
de Harvard, que sale un año antes de lograr su diploma
de licenciatura, puede acumular una cuenta bancaria que es el
equivalente a todo lo que producen los habitantes de Israel en
un año, o Malasia o Singapur o Venezuela. Y que si ese
señor se levanta del mal humor un día y cambia sus
cuentas de bancos y de seguros, mueve la economía de un
país. Eso significa que su compañía, el día
que decida moverse de lugar, mueve una economía del tamaño
de Canadá. (Bill Gates, ¿no?). Esa es la diferencia,
lo muy distintivo entre la vieja y la nueva economía. En
una economía del conocimiento digital - la economía
de un país puede desaparecer en una semana.
Esto tiene serias implicaciones para los países que no
entienden por qué tienen que darle educación a sus
ciudadanos, por qué hay que darles seguridad y por qué
hay que respetar los derechos humanos. Es por esas razones por
las que, del 100% de jóvenes que China manda a estudiar
a los Estados Unidos, sólo regresa el 15%. Mientras tanto,
aquellos que siguen produciendo oro, petróleo, uranio,
trigo o ganado se vuelven cada día más pobres. Porque
en términos de índices económicos, un commodity,
un bien básico, una materia prima, vale hoy el 20% de lo
que valía en 1845. Y aquellos pueblos que siguen tratando
de competir vendiendo materias primas sin conocimientos, son cada
día más pobres. Por eso los pueblos más ricos
del mundo no son los petroleros, a menos que uno considere como
grandes potencias a la ex URSS, Nigeria, Sudáfrica, Arabia
Saudita, Irak, Irán o México.
¿Qué es lo que está pasando en América
Latina? En 1985, México, Brasil, la Argentina y Corea del
Sur generaban más o menos el mismo número de patentes
anuales que USA. ¿Por qué nos deben importar el
número de patentes que se generan en USA por año?
Porque si esta es una economía del conocimiento y uno no
genera conocimientos, ni los protege ni los vende, uno no tiene
de qué vivir. La buena noticia es que de 1985 a 1998, el
número de patentes generados en México, Brasil y
la Argentina se duplicó. Ya estamos generando cerca de
100 patentes en cada uno de nuestros países. La mala noticia
es que, en el mismo período, Surcorea aumentó de
50 patentes anuales a 3,400. Que sólo la compañía
coreana Samsung es el cuarto productor de patentes totales en
los Estados Unidos; en Surcorea ahora se necesitan 13,000 surcoreanos
para lograr una patente en los Estados Unidos; pero se necesitan
760,000 argentinos, 1,200,000 mexicanos y 1,800,000 brasileños.
Si ustedes creen que este mundo está transitando de una
economía de bienes básicos a una economía
del conocimiento –y esta es la tendencia y estos son los
recursos necesarios para patentar algo-, adivinen qué país
va a ser más rico a corto plazo y qué países
van a ser cada día más pobres. ¿Qué
es lo que está pasando en México?
México tiene un Tratado de Libre Comercio, ya que abrió
sus fronteras con USA, y aumentó sus exportaciones. Además,
hizo una serie de cosas como los mismos ajustes que están
discutiendo en la Argentina. Lleva 24 años de hacer ajustes,
pero tienen un pequeñísimo problema: a la hora de
sentarse a ver quiénes ocupan los primeros 15 lugares de
patentes en México, nos damos cuenta de que son Procter
& Gamble, 3M, Basf, Kimberly Clarke, Bayer, Pfizer, Novartis,
Hoesch, Johnson & Johnson, AT&T, Samsung, Ely Lilly, Loreal,
Motorota y Good Year. Todas mexicanas, ¿verdad?
Si esos son los que generan patentes y venden conocimiento, adivinen
qué les pasa a los ingresos de los mexicanos, aunque tengan
baja inflación (igual o peor en Honduras).
Y eso ocurre aunque se hagan ajustes financieros y aunque sigan
los programas del FMI. La segunda consecuencia que tiene una economía
es que no solamente se puede mover la riqueza física, las
cuentas bancarias, sino que también se puede mover la riqueza
intelectual.
Para una persona que habla el lenguaje genético o el lenguaje
intelectual, la opción de quedarse en un laboratorio en
un país que no apoya la creación de nueva riqueza,
que no apoya laboratorios, que no es competitiva, que no tiene
compañeros con quienes hablar, no es la mejor. Muchas veces,
Microsoft llega a las mejores universidades y dice: “Quiero
llevarme a los 10 mejores alumnos a trabajar conmigo”.
Para darles un ejemplo, en el Instituto Tecnológico de
Monterrey –que es una de las más grandes escuelas
de México- a los 30 mejores alumnos se los lleva Microsoft
una semana, con boleto y todo pago, al estado de Washington (la
capital es Seattle); los entrevista durante cuatro días
y les da tres días de vacaciones, con las mejores comidas,
barcos, etc., etc., y acaba contratando a los mejores muchachos.
Lo mismo pasa en India, en China: contratan a los mejores y los
concentran.
Esta economía es portátil. El país que encuentra
a los mejores ciudadanos de otro país, se los lleva. Son
más valiosas esas mentes que llevarse una mina. Más
valiosas que quedarse con el petróleo de un país.
Esto es lo que cuenta, y los países que no pongan atención
a sus recursos humanos, a su educación, a su gente que
puede generar patentes, ideas, empresas, acabarán quebrando.
Veámoslo en términos prácticos: En 1999 IBM
generó 2,685 patentes en USA y 167 países del mundo
juntos generaron menos, apenas 2,500 patentes. Eso quiere decir
que una sola compañía puede generar más conocimiento
y vender más patentes que 167 países del mundo.
Ahora, vamos por un nuevo idioma.
A partir de 1950, dos científicos –Watson y Creek-
descifran el modo cómo se codifica y transmite el código
de la vida. Ese, creo yo, fue el descubrimiento más importante
del siglo, junto con lo que encontró Albert Einstein.
¿Qué es lo que pasó? Que el costo de codificar
un gen bajó de US$ 150 millones por gen a US$ 50 por gen.
Cuando uno ve una curva de costos que opera de esta manera, se
genera una cantidad de información. Absolutamente brutal.
Hay países, compañías, lugares, que entienden
este idioma, que están acumulando patentes en estos idiomas,
y también hay países entienden que ya se descubrió
América. Los países que sí lo entendieron
y que lograron mejor tecnología acabaron dominando a los
que pensaron que se había descubierto algo que no se llamaba
América. Por eso es tan importante entender y hablar estos
idiomas.
La persona que descifró el genoma humano –mitad científico
loco, mitad empresario- se sentó hace tres años
y medio y dijo que se le hacía muy lenta esta investigación
genética (la que ya estaba en curso), y se planteó
hacer la secuencia compleja del genoma humano, gesto equivalente
a que, en 1960, alguien hubiera entrado en la NASA y dicho que
iba a lanzar un cohete a la Luna sin financiamiento del gobierno,
que lo iba a hacer solito.
Cuando lo dijo, hace tres años y medio, todo el mundo se
rió y retrucaron: “Nosotros, los gobiernos del mundo
de 16 países, 89 laboratorios, estamos gastando US$ 3,000
millones, y vamos a acabar esto antes del 2005”. Y este
señor dijo: “Yo voy a gastar la décima parte
y lo voy a hacer en dos años”. Y cumplió.
El 12 de febrero de 2001 lo hizo. Este hombre, que hace tres años
no tenía ninguna compañía ahora tiene la
computadora privada más grande del mundo, tiene el equivalente
a seis bibliotecas del Congreso de EE.UU. en información
genética en su sótano, acaba de terminar el mapa
genético completo de un ratón.
De las 12 enfermedades principales que primero se publicaron,
él fue responsable por la publicación de ocho. Es
un hombre que en tres años generó una industria
que se llama la genómica y que ha dado lugar a una serie
de compañías que ahora tienen un valor de mercado
similar a lo que produce la Argentina en un año. En su
laboratorio para estudiar, generar y hacer el mapa genético
humano trabajan 47 personas.
Todo esto ocurre a una velocidad inmensa, al 50% más rápido
de lo que sucedió la revolución digital, y es una
revolución que va a cambiar la manera de cómo vemos
y entendemos la vida en este planeta. Está cambiando no
sólo en términos de la genética, sino en
los términos de casi cualquier industria que ustedes quieran
ver y sólo como ejemplo les digo que el principal programa
que tiene hoy en día IBM para nuevas computadoras no es
para internet, sino para la genética, y se llama “Blue
Jean”. El principal programa que tiene Hewlett-Packard (está
la publicidad en las calles) tiene la doble hélice del
ADN. Si hablan con una farmacéutica, les dirá que
es la genética lo que está empujando la medicina;
si lo hacen con una química como toda su industria. Por
eso Pioneer se vuelve parte de Dupont, y por eso las grandes compañías
de semillas del mundo fueron compradas por farmacéuticas
o por químicas, porque una semilla se vuelve un disco digital,
y entonces uno puede reprogramar la vida dentro de una manzana
o de una naranja, y eso es lo que será la economía
mundial.
El año pasado, por primera vez en los Estados Unidos, el
número de patentes biológicos y de biotecnología
excedió al número de patentes de computadoras y
telecomunicaciones.
Mientras tanto nosotros, en Latinoamérica, en México
por ejemplo, se sigue exportando cada vez más y se tiene
un salario mínimo que es el 27% de lo que se ganaba en
1976. Esto sucede país tras país: entra un ministro
de Economía o de Finanzas, sale un ministro de Economía
o de Finanzas; entra un presidente, sale otro presidente, y el
país es cada vez más pobre. No porque el que entra
sea más tonto, sino porque la agenda de desarrollo económico
es equivocada, porque seguimos discutiendo si vamos a hacer una
fábrica, una represa o un puerto.
Nada de eso importa hoy: Lo que importa hoy son las mentes, la
educación, la ciencia. Importa que esas mentes puedan proteger
y vender conocimiento al resto del mundo. Los países que
entendieron esto como Singapur, son los países que van
a dominar el planeta, y les recuerdo que en 1965 el primer ministro
de ese país –que era bastante más pobre que
la Argentina- se reunió con el primer ministro de su vecino
Malasia y le pidió que absorbiera su país, su bandera
y su Constitución, porque no era viable como nación.
Malasia no estaba convencido. Les recuerdo que hoy Singapur tiene
un ingreso per cápita similar al de EE.UU. Ínterin
produjo una reconversión fenomenal.
Malasia se debe haber arrepentido muchísimo. También
en México se privatizaron: de 1,155 empresas que tenía,
se quedó con 206, y por la venta de unas 900 obtuvo US$
24,000 millones. Pero se les olvidó que una vez que se
privatiza también hay que regular y hay que cuidar que
la gente se porte bien, aún en el sector privado. No regularon
los bancos y tuvieron una pequeña crisis bancaria que les
costó US$105,000 millones, el 18% del PBI.
Otra razón por la que México no tiene ahora un ingreso
per cápita similar al de Corea -después de 24 años
de reestructuraciones y 4 ministros de Economía o de Finanzas
que han sido luego presidentes- tiene una deuda externa que cada
vez crece más con relación a su producto nacional
bruto; otro motivo por el cual en la Argentina, Uruguay, Brasil
y México el PBI per cápita no aumentó entre
1980 y 1994, mientras que sí lo hizo en Mozambique y Pakistán.
Cierro mi exposición diciéndoles lo que afirmaba
Einstein en los años 40: “Todos los imperios del
futuro van a ser imperios del conocimiento, y solamente serán
exitosos los pueblos que entiendan cómo generar conocimientos
y cómo protegerlos; cómo buscar a los jóvenes
que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse de que se queden
en el país”. Los otros países se quedarán
con litorales hermosos, con iglesias, minas, con una historia
fantástica; pero probablemente no se queden ni con las
mismas banderas, ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con
un éxito económico. (Escrito por Juan Enríquez
Cabot, director del Proyecto de Ciencias de la Vida de la
Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard).


En una economía del conocimiento digital
- la economía de un país puede desaparecer en una
semana.

El año pasado, por primera vez en los
Estados Unidos, el número de patentes biológicos
y de biotecnología excedió al número de patentes
de computadoras y telecomunicaciones.

Todo esto ocurre a una velocidad inmensa, al
50% más rápido que la revolución digital,
y es una revolución que va a cambiar la manera de cómo
entendemos la vida en este planeta.

Los países desarrollados contratan al
mejor personal y los concentran.
|