Los expertos del FMI, cuando entran a la carga
exigiendo la devaluación porque para ellos es un concepto
que tienen a la mano para estabilizar las economías,
no toman en cuenta las condiciones de cada país y en
eso cometen un error garrafal porque, al igual que las recetas
no son aplicables a la misma enfermedad en todas las personas,
la devaluación no siempre es lo más indicado para
todas las economías.
La economía es una ciencia que admite
los aspectos flexibles para encontrar el objetivo fundamental
de la estabilidad que todo país ansía para evitar
las caídas violentas por causa del bajo poder adquisitivo
o del desenfreno que se produce en las sociedades con el volumen
de las importaciones. Una de esas “caídas”
lo constituye la devaluación, que desde el punto de vista
técnico es la reducción, por decisión de
la autoridad monetaria de un país, de la cotización
de la moneda propia respecto a las extranjeras, es decir, una
depreciación monetaria decidida por el gobierno.
En el caso de Honduras, la presidenta del Banco Central, María
Elena Mondragón, ha sido reiterativa al afirmar que “el
gobierno reafirma que la presión sobre el tipo de cambio
ha disminuido y no creemos necesario hacer un ajuste”.
Siendo ella la presidenta de la máxima autoridad monetaria
(Banco Central de Honduras), su palabra debe bastar para que
los organismos internacionales comprendan que la receta de la
devaluación no es aplicable a Honduras en estos momentos.
Cuando la devaluación se utiliza para fomentar las exportaciones
y reducir las importaciones, abaratando los productos nacionales
en el mercado mundial y encareciendo los productos extranjeros
en el mercado nacional se le denomina “devaluación
competitiva”, que es la salida que los organismos internacionales
sugieren para dinamizar la economía nacional. Pero esta
ha sido la receta institucional del FMI que se considera la
panacea salvadora cuando llega el momento de hacer los ajustes
necesarios.
Y si, como dice la presidenta del Banco Central, la presión
sobre el tipo de cambio ha disminuido, porque nuestras reservas
internacionales no han sido menguadas en gran cosa debido a
que las remesas no se han reducido sustancialmente y ha habido
repuntes favorables en sectores como la maquila que ha tenido
una considerable recuperación, la devaluación
no sería una medida de urgente aplicación.
Ahora bien, los expertos del FMI, cuando entran a la carga exigiendo
la devaluación porque para ellos es un concepto que tienen
a la mano para estabilizar las economías, no toman en
cuenta las condiciones de cada país y en eso cometen
un error garrafal porque, al igual que las recetas no son aplicables
a la misma enfermedad en todas las personas, la devaluación
no siempre es lo más indicado para todas las economías.
El eufemismo con el que pretenden disfrazar la exigencia de
una devaluación es “flexibilización del
tipo de cambio” que en el fondo es igual que la devaluación.
Suponen los técnicos del FMI que Honduras puede jugar
con una banda flexible que nos llevará a un proceso de
desvalorización del lempira en el momento en que pudiera
reducirse la captación de remesas o caigan las exportaciones
por cualquier motivo, o mejorar el tipo de cambio si las remesas
aumentan e igual suben las exportaciones. En el caso de Honduras,
ninguna de las dos cosas observan un movimiento dramático,
por lo regular el número de compatriotas en el exterior
no modifica su conducta de envío de remesas y el volumen
de exportaciones no depende del incremento productivo sino del
comportamiento de los mercados de los países donde se
vende nuestra producción. Es aquí donde los técnicos
del FMI pueden monitorear permanentemente el movimiento de las
remesas y las exportaciones hondureñas, que es algo factible
y sencillo. Lo demás, que el gobierno imponga un régimen
de austeridad, un manejo prudente del gasto público,
una reducción razonable del aparato gubernamental para
no exagerar el volumen de salarios en la burocracia y otras
medidas, es algo que un buen gobierno debe hacer sin necesidad
que lo estén recordando los organismos internacionales.
Hay que observar algunos signos que son reveladoramente positivos,
como el hecho de que la reactivación de la economía
mundial incidirá en el repunte de pequeñas economías
como la nuestra, a lo que contribuyen los pronósticos
positivos sobre el crecimiento de la economía hondureña,
la mejor carta a jugar es no devaluar. Pero desde luego tomar
otras medidas como cuidar la emisión de billetes por
encima del valor respaldado o garantizado por el patrón,
que en el caso de Honduras sigue siendo el dólar estadounidense.