EDITORIAL
Triángulo de la confianza

 

Crear un clima de confianza en el inversionista es un objetivo de todo buen gobierno que sabe que la dinámica de la economía del país descansa en la inversión privada. Caso contrario, crear un clima de confrontación contra los inversionistas provoca una contracción de la economía cuando el empresario siente contra él un clima de hostilidad que no le genera confianza para seguir creciendo en sus actividades comerciales.


En su libro “No hay causa perdida” el presidente colombiano Alvaro Uribe se refiere tantas veces le fue posible, a la piedra filosofal de sus ocho años de gobierno y que él denominó “Triángulo de la confianza”, que consistía en tres elementos básicos para rescatar a Colombia cuando todo mundo le daba a ese país la fatídica calificación de Estado fallido.

El primer elemento era la seguridad democrática, mediante la cual se propuso darle seguridad al pueblo colombiano cuando el crimen organizado y el narcotráfico se habían apoderado del país, con apego absoluto a las leyes. El segundo elemento era confianza a los inversionistas, para que estos sintieran que tenían todo el apoyo del gobierno para desarrollar negocios en el país y el tercer elemento era cohesión social, para hacer sentir a todos los sectores que unidos podían hacer cosas buenas por aquel país.

Uribe rescató a Colombia y la puso en la senda del progreso que había perdido durante dos décadas. Si uno analiza los argumentos del presidente Alvaro Uribe, su tesis medular era generar confianza a los inversionistas, algo que un gobierno inteligente debe procurar, en la medida que no se confunda confianza con privilegios excesivos, porque cuando surge esto último es cuando aparece la corrupción gubernamental de la mano con cierto sector privado.
Crear un clima de confianza en el inversionista es un objetivo de todo buen gobierno que sabe que la dinámica de la economía del país descansa en la inversión privada. Caso contrario, crear un clima de confrontación contra los inversionistas provoca una contracción de la economía cuando el empresario siente contra él un clima de hostilidad que no le genera confianza para seguir creciendo en sus actividades comerciales.

Para el caso, con toda esta confusión que han creado elementos afines al gobierno con las llevadas y traídas exoneraciones, pareciera que el objetivo no es producirle más ingresos al gobierno ni darle más beneficios al consumidor sino crear un ambiente de conflicto con un fin eminentemente distractivo.

Al que se le ocurrió la infeliz idea de poner en una cadena de televisión y radio al señor César Ham para que emplazara sus baterías contra las empresas que según el director del INA se han beneficiado de las exoneraciones sin dejarle nada al país, le hizo un flaco favor al gobierno, porque pusieron a la persona menos indicada para hacer esa tarea sucia, sabiendo que don César estuvo hace poco en el mero candelero por abusar de las dispensas del Estado para importar carros exentos de impuestos, vendiéndolas a particulares para lucrarse. El burro no puede hablar de orejas porque las suyas son demasiado grandes, y don César Ham lo único que hizo fue desconocer que hoteles, comidas rápidas y otros negocios mencionados son los que han puesto a Honduras en el mapa del turismo mundial. Hasta antes de existir estas empresas el turismo en Honduras era un renglón insignificante. ¿Cómo desconocer que los hoteles, los restaurantes de comidas rápidas y otros servicios afines, han aportado un valioso apoyo al crecimiento del rubro turístico? Se puede pecar de ignorante pero no de tonto para no conocer que turismo no solo es playa y mar, montañas y lagos. Turismo son estructuras, hoteles, servicios, restaurantes modernos y otros facilitadores.

Si el turismo ha avanzado en Honduras, y esto lo puede atestiguar la Secretaría de Turismo, es porque el país ha crecido en este tipo de negocios que son requerimientos del turista extranjero y nacional. Si nos remontamos 40 años cuando estos negocios no existían y los hoteles eran tan primitivos, con rara excepción, podremos ver que los ingresos por turismo eran tan pequeños como insignificantes.

Cuando estos servicios nacieron el turismo tomó carta de industria en Honduras y el país apareció en el mapa mundial al que acude el turista de los distintos países para programar sus vacaciones. El triángulo de la confianza del presidente colombiano Alvaro Uribe, de dar seguridad democrática, confianza al inversionista y cohesión social es una buena plataforma que los políticos hondureños deberían hacer suya para sacar adelante a Honduras. El país vive una grave crisis, pero como dice Uribe en su obra “No hay causa perdida”, lo que en buen castellano quiere decir que todos los problemas humanos tienen solución. Desde luego, siempre y cuando las tareas no se las encomienden a funcionarios que con sus actos pareciera que quieren hundir al gobierno de Lobo. El objetivo de César Ham pareciera ser esto último y por ese mismo camino anda doña Ana Pineda, una ministra de Derechos Humanos que se emociona con proyectos de ley que atentan contra estos derechos.

 

 


 

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