La mandarina de Mata de Plátano

Un pueblo dedicado al cítrico


 

Comercio

* En Mata de Plátano habitan unas 300 familias de origen campesino, que con esfuerzo propio se han abierto puertas para darse a conocer en el mercado internacional y capacitarse para vender un buen producto.

Por Nora Shauer

La exquisita mandarina que consumen los hondureños de septiembre a febrero de cada año, es extraída por millones de miles y miles de árboles plantados en la aldea Mata de Plátano, municipio de Cedros, departamento de Francisco Morazán.
La cosecha de este año fue tan rica como la de la última década, porque cada árbol produjo entre cinco y seis mil frutos con la misma calidad, sabor y textura de siempre.
Esas cualidades del cítrico provocó que por primera vez llegaran hasta la extraviada aldea, a 32 kilómetros de Tegucigalpa carretera a Olancho, varios comerciantes salvadoreños con el propósito de comprar por camionadas la fruta de dulce sabor.
Rodolfo Arteaga, uno de los promotores de la mandarina de Mata de Plátano calculó que la cosecha de este año se elevó a 37 millones de unidades aproximadamente, un número bastante bueno para las casi 300 familias de la aldea que se dedican a este rubro.
Como pobladores se sienten bendecidos porque la tierra y el clima les regala por millones el fruto, que crece en árboles de mediana altura en cualquier patio, vereda o terreno.
Como conocedores de la temática, explicaron que el mandarino comienza a cosechar a los cuatro años de plantado y que su vida útil supera las cuatro décadas. Cada uno produce entre cuatro y seis mil mandarinas que difícilmente es atacado por alguna plaga.
Durante los meses de cosecha, los niños participan activamente en la labor, subiéndose a los árboles para arrancar el fruto, que tiene además la cualidad de no dañarse fácilmente por lo esponjado de su concha.
Esdras Valle, de diez años de edad tiene tal experiencia en la tarea que en menos de una hora limpia cualquier árbol de mandarinas. Él colabora con su familia en la recolección del fruto, que colocan a inmediaciones de la plaza del pueblo en espera de los comerciantes, que cada hora entran al pueblo con sus camiones para llevarse la fruta al mercado local e internacional.
Precisamente para dar a conocer el enorme potencial que tienen como aldea, las fuerzas vivas de Mata de Plátano, celebran a finales del primer mes del año un festival de la mandarina, con diversos actos religiosos, culturales y deportivos.
Osman Corrales, dijo que el festival es para cerrar con broche de oro la actividad que los mantuvo ocupados y con una fuente de ingreso los últimos seis meses.
Los pobladores de Mata de Plátano aprovechan también su festival de la mandarina para promover y dar a conocer el éxito que están teniendo con la producción de vino de naranja.
Desde hace varios años, cinco familias de la zona buscaron capacitarse en El Zamorano para que les dieran la técnica necesaria para producir vino de la más alta calidad.
Lo hicieron para aprovechar la abundancia del cítrico en la aldea, que se da tan numerosa como la mandarina.
Bertha Martínez Romero, como co propietaria de la empresa dio a conocer que “nosotros hemos organizado con el fin de darle el mayor rendimiento a la producción de la naranja”, detalló la señora consciente que “aquí antes se vendía la naranja a bajos precios y nosotros buscamos elaborar vino como uno de sus derivados para sacarle mayor provecho a la producción de naranja”.
“Junto a ella estaba Luis Alonso Valle, partiendo naranjas y constatando su calidad para la extracción del jugo.
El muchacho es parte de la nueva generación de la empresa y como tal quiere que el nombre de su producto salga para que la gente lo conozca y lo consuma.
En la pequeña fábrica reposa el jugo en enormes toneles plásticos hasta que llega a alcanzar el grado de fermentación que necesita.
Son aproximadamente 25 mil botellas por año las que se producen para su comercialización en los supermercados de Tegucigalpa.
El veterano Miguel Ángel Raudales como presidente de la Empresa Asociativa Campesina Productora de Mandarina y Naranja de Mata de Plátano denotó su malestar por la falta de apoyo de parte del gobierno ya que lo único que han pedido es el apoyo para la construcción de una sede y al filo de hoy ni siquiera han sido recibidos.
La fábrica de vino de naranja y la venta millonaria de la mandarina de la aldea de Mata de Plátano tienen de alguna manera asegurado el futuro de este pueblo, que a pesar de sus condiciones de pobreza y la falta de apoyo gubernamental se han aliado con la naturaleza para lograr ingresos económicos para las familias.
Es tan benévolo el clima y la cantidad de lluvia que reciben en los meses de invierno, que los árboles de mandarina está próxima a florecer y dar una vez más el fruto sano y exquisito que esperan.
En Mata de Plátano habitan unas 300 familias de origen campesino, que con esfuerzo propio se han abierto puertas para darse a conocer en el mercado internacional y capacitarse para vender un buen producto.
Sólo la llegada a la aldea, por un camino de tierra, garantiza el viaje porque la bienvenida la ofrecen miles de árboles enfilados, llenos de frutos color atardecer.

Durante los meses de cosecha, los niños participan activamente en la labor, subiéndose a los árboles para arrancar el fruto.

La cosecha de este año fue tan rica como la de la última década, porque cada árbol produjo entre cinco y seis mil frutos con la misma calidad, sabor y textura de siempre.

 


 


 

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